lunes, 16 de agosto de 2010

Puerta D60

A las siete y cuarto de la mañana, en la puerta D60 de la terminal 2 del aeropuerto de Barajas, se prepara el embarque del vuelo TAP711 con destino a Lisboa.

Es un día gris en el que el cielo de Madrid se mezcla con la calima del Sahara y el sol se resiste a aparecer.

El pasaje se acomoda en las sillas de plástico frente al mostrador y espera al más mínimo movimiento que anticipe el embarque para formar una rápida fila en la que aguardar de pie para subir al avión.

En esta ocasión, los pasajeros trajeados, tan habituales a diaro en los vuelos a primera hora de la mañana,  son minoría frente a los pantalones cortos, camisetas y vestidos ligeros. Las vacaciones dominan esta época del año.

La tripulación accede velozmente al avión, tras intercambiar breves y fríos saludos con el personal de tierra en la puerta. En todas partes cuecen habas y está claro que en el reino de aeropuerto, los que vuelan los aviones ocupan la cima de la pirámide social. Mientras, los pasajeros son los pobres siervos sobre los que está montado todo el tinglado.